miércoles, 8 de abril de 2009

Recuerdos: Un viejo travieso


Hace muchos años, existió un pequeño niño, hijo de un rey.

El rey, preocupado por la educación de su hijo, mandó llamar a un sabio de las tierras del norte.

Para la tarea envió a dos soldados, los mejores de su reino. Elak era joven, fuerte, valerosos, tenia las virtudes de su edad, junto a sus errores. Sior era un soldado veterano, muy viejo héroe con miles de triunfos de guerra, tanto que decían, solo un dios podría hacerle frente.

El camino fue complicado y severo, hubo muchos obstáculos, pero con su objetivo en mente, sin distraerse y sin prestar atención a detalles innecesarios, parecía que tardarían mucho menos en llegar de lo que había sido programado.

Al cuarto día de viaje, Elak despertó mas temprano de lo habitual, ni siquiera clareaba, la luna aun estaba alta. Giro para ver a Sior, pero no estaba. Elak, preocupado por el viejo, se levanto apresurado, tomo su espada y comenzó a buscar al tiempo que gritaba -¡Sior! ¡Sior! ¡Aparece ya viejo maldito!- Pero no hubo respuesta, solo un apacible silencio.
Elak siguió caminando hasta encontrar un claro, se adelanto para ver si ahí se encontraba Sior. Alcanzo a distinguir una figura a lo lejos, cerca del barranco.
- ¡Sior!- Grito Elak mientras corría hacia el bulto. Empuño la espada con fuerza y la puso en el cuello de la persona frente a él.
- Sior...- Dijo con cierta timidez.
- ¿Que deseas?- Le pregunto Sior sin siquiera mirarle.
- Nada, ¿donde estabas? ¿Qué haces aquí?-
- Meditando Elak, disfrutando del paisaje. Deberías hacer lo mismo-
- Vamos viejo, no me metas esos sustos. Además, deberías de estar descansando y no perder tiempo con esto.
- Vamos, ya he terminado lo que vine a hacer.

Ambos se levantaron, Elak preparo el resto de las cosas y siguieron su camino.

Al llegar a lo alto de la montaña, ambos pudieron ver una humilde cabaña, en lo mas alto de la cima. Fuera de ella, estaba un tronco de pino, parecía fungir como banca. Y sentado en esa banca, un viejo (mucho mas que Sior) totalmente cano y con ropas sencillas. Ellos no necesitaban preguntar, pues el rostro, la fuerza, la paz que emanaba el viejo, eran suficientes para remover cualquier ápice de duda: Ese era el sabio.

Sior y Elak se postraron sobre su rodilla izquierda e inclinaron la cabeza hacia el anciano. El viejo hablo antes que ellos. ¡No podía permitirlo!, ¡Era totalmente inaceptable!, ¡Descortés conversar con alguien sin invitarle una taza de té! : Jazmín con un toque de otras hierbas, y endulzado con un trozo de panal de abeja.

- ¡Pasen muchachos, pasen! Vamos, levántense por favor, no están delante de un rey.-
- Gracias, pero debemos cumplir con las ordenes del rey, disculpe si le molestamos-
- Nada de molestias, nada de molestias, ¿Cómo ha estado su majestad? ¿Aun sigue criando esas águilas?- Su tono era alegra, familiar.
- Si señor, su majestad sigue criando esas magnificas aves, son un orgullo. De hecho, Elak le ayuda bastante con ellas- Elak estaba un poco apenado por el comentario, y no pudo evitar mostrar modestia. –No es para tanto señor, solo ayudo un poco a cuidarlas, su majestad es un magnifico maestro.-
- Si, lo es, recuerdo cuando apenas si podía sostenerlas en su brazo, era muy pequeño cuando su alma se unió a esas aves. Pero le ha sido de bien, es mas, recuerdo...-

La conversación siguió mucho tiempo, de hecho, conversaron toda la noche, hasta que llegó el amanecer. Sior no se preocupo para nada, pero Elak pensó que no llegarían antes del noveno día, como les ordeno el rey. Con esta misma preocupación en mente, apresuro un poco al sabio. Y el sabio, respondió.

- Esta bien jovencito, entiendo, entiendo... deseas cumplir las ordenes del rey. Bueno, les haré dos preguntas, si las contestan, les acompañare. ¿De acuerdo?-
- Como desee señor- Contesto Elak, mientras Sior solo miraba al viejo, con cierto agrado por su propuesta.
- Veamos, veamos... Si, podría ser, será sencillo para ti Elak. Bueno, ¿Listo? Ahí va...
- Cuando las águilas enseñan a sus hijos a volar... ¿Qué hacen?-
- Elak estaba alegre, seria sencillo.
- Arrojan a sus polluelos al vacío, solo así logran volar.-
- Bueno, pero... ¿Eso que significa?- La mirada del sabio era inquisitiva, pero a Sior le pareció mas bien traviesa. Elak titubeo un poco. Meditabundo y casi en transe contesto:
- Saben que las conquistas más importantes en la vida, se logran por medio de la experiencia propia, digamos, de correr riesgos, de enfrentar los temores y de un paso de fe.-
- Muy bien, Elak, has cumplido tu parte. Ahora, la siguiente pregunta. Sior, ¿cuantos cruces de camino, cuantos ríos y cuantas cuevas encontraste de camino aquí? Ah, y ¿qué encontraste de comida en el camino?-
- ¿Que? Señor ¿No es eso imposible de contestar? ¿Acaso nos ha engañado y desea que el rey nos decapite? ¡Como puede...!- Sior interpuso su brazo para detener a Elak, quien cada vez se acercaba mas al viejo.-
- Cuatro cruces de caminos principales, una veintena de pequeños cruces en los senderos del bosque; dos ríos, uno al norte de la montaña y otro a cinco kilómetros de aquí, también hay pozos en cada pueblo que pasamos y uno mas a mitad del bosque; Hay siete cuevas de camino aquí. Hay algunos conejos, jabalíes y otros animales pequeños, moras silvestres y otras frutas, pero algunas son venenosas. Por cierto señor, el oso de la segunda cueva se ha estado moviendo, y se acerca cada vez mas a esta área.- Elak parecía hechizado, mudo, inmóvil. Estaba sorprendido por todo lo que Sior menciono y que por supuesto, el no había notado siquiera. La blanca barba escondía la sonrisa del sabio, igual de traviesa que antes.
- Gracias Sior, ese oso es un viejo amigo mío. Quizá presintió la venida de extraños y les ha estado vigilando. Estos amigos me cuidan bastante. Eres un excelente guerrero Sior. Pero dile, dinos, cuando has visto todas estas cosas Sior.
- Elak, siempre te he dicho que los detalles suelen ser importantes. Sabio, agradezco su cumplido, pero ha sido la Vida y la Experiencia quienes me lo han enseñado. Hay que poner atención en esas cosas, pues son importantes. Dependemos de todo cuanto nos rodea; nosotros afectamos el entorno y el entorno nos afecta. Por tanto hay que estar preparados y anticiparse a lo inevitable. Y lo más importante, uno acaba por disfrutarlo. El viaje, es tan importante como el destino.
- Bien, excelente caballeros. ¡Excelente!. ¿Pero que esperan? ¡Vamos! ¡Su Majestad espera a este anciano! ¡No podemos hacerle esperar!

Comenzaron el viaje, y antes del noveno día, llegaron al castillo. Fueron recibidos con honores, con trompetas y tambores. Hubo fiesta y una gran celebración. El rey, estaba feliz por ver a su viejo amigo. Justo antes de irse a dormir, el rey abrazo a su amigo el sabio, el cual correspondió con cariño. Justo antes de separarse, entre los pasillos que llevan a la recamara del rey, el anciano esbozo su traviesa sonrisa y dijo:
- -Sabes, quizá... aun no sé si podré cuidar de tu hijo.- Guardo silencio, pero antes que el rey hablara, concluyó- Pero de eso hablaremos mañana. Descansa viejo amigo, descansa.

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