martes, 24 de febrero de 2009
Recuerdos: Un día caluroso.
Tengo que salir, no por aire fresco (afuera es mucho peor), debo pagar la renta de este miserable departamento en el que no cabemos; las moscas, las cucarachas, las hormigas y yo nos disputamos el espacio. Este lugar en un pedazo de basura, sin calefacción, sin agua caliente, sin aire acondicionado, con una sola toma de corriente, así que, o prendo el ventilador o veo la tele... adivinen cual gana.
Me comencé a vestir y salí a la casa de la rentera. Esa vieja no se digna a vivir en esta pocilga, tiene otra un poco más decente al otro lado de la ciudad. Así que tengo que caminar por dos horas y tomar el subterráneo para llegar allá. En fin, hay que caminar.
El piso esta caliente, estos tenis se calientan demasiado, pero si usara otro tipo de calzado más abierto, el sol me quemaría los pies. Así que tengo que aguantar el calor y lo húmedo que quedan por el sudor. Esto es un asco.
Cuando cruzo la calle, un imbécil casi me atropella. Es una de esas pequeñas calles sin semáforo, es cierto, el tipo iba a cuarenta a lo mucho, pero aun así debió fijarse y ceder el paso. Los demás peatones parecen no notarme, me ignoran, soy demasiado insignificante para ellos. Me empujan, y cuando les grito, los bastardos cobardes ni siquiera voltean a verme. Quise ahorrarme la caminata pero el maldito camión no se detuvo; es mejor el subterráneo, pero aun faltan muchas calles para eso.
La calle esta llena de perros, pequeños y grandes, perros por todos lados. Los muy idiotas me ladran. Cada vez que ladran lo hacen mas fuerte, como enojados, ladran y enseñan los dientes con gruñidos que harían temer a cualquiera, a cualquiera menos a mi. Uno de ellos, el mas grande, es un maldito perro negro con unos colmillos que bien podrían partirme el brazo de una mordida. Ladra y ladra, gruñe furioso, se adelanta un paso, prefiero ignorarlo, pero ladra demasiado... Callate! Le grite al tiempo que le miraba furioso. El cobarde se fue con la cola entre las patas aullando como un cachorro recién pateado; todos los demás se van tras el, pero ellos ni si quiera voltean la mirada.
Por fin llegue al subterráneo, fue una caminata larga pero no me resulto cansada. Me siento ligero aunque de cierta manera, el calor y la sensación pegajosa del sillón aun permanecen.
Bajo las escaleras y continuo con el eterno ritual hasta que llego al vagón. Es medio día pero no hay mucha gente, de hecho solo hay unos vagos, unos trabajadores y unas cuantas jovencitas. Una de ellas me gusta. Esta un poco alejada de las otras, parece algo tímida. Me le acerco por detrás y le susurro al oído:
-Hola señorita, es usted muy hermosa.- No me contesta.
-Disculpe, le gustaría tomar un café conmigo?- Me ignora, no se librara de mi.
-Vamos! Contesta! Bajate conmigo y vamos a divertirnos!- Grite y grite pero la muy zorra no me contesto, solo me ignoro escribiendo mensajes en un celular.
-Maldita zorra!...- Seguí maldiciendo y no me miraba, no me miraba, me ignoraba aun. Estaba furioso, enojado y di un manotazo y le tire el celular. Me baje mientras disfrutaba de los gritos de miedo de esta niña zorra.
Por fin llegue al edificio de la rentera. Una vieja chaparra y delgaducha que caminaba a medio paso. Salude al portero y no me contesto. Que acaso ni los lacayos tiene educación en estos días? En la recepción pregunte por la vieja para ver si estaba, y de nuevo me ignoraban. Llegó una señorita, y como me seguían ignorando me quede a esperar que a la secretaria se le diera la gana contestarme.
-No esta la dueña?- Pregunto la jovencita.
-Que asunto tiene con ella joven?- La secretaria se portaba amable con ella.
-Vengo a preguntar por un departamento en el nuevo edificio, dicen que demolerán el vejestorio de la calle 25 y que si pedíamos un departamento con anticipación, pues, nos darían buen precio y...-
Ya no pude escuchar, iban a demoler mi edificio! Como diablos podían demoler mi edificio? Es cierto que últimamente no había muchos inquilinos, quizá solo los de mi piso, pero... Porque? Mientras seguía preguntándome, la secretaria le decía a la jovencita donde estaría la vieja y me dirigí para allá, tenia que reclamarle a esa vieja o al menos separar un lugar en el nuevo edificio.
Al fin llegue, es un lugar tenebroso este cementerio. Había un montón de personas en el centro y camine hacia ellos, eran demasiados. Ahí estaba la vieja, llorando, quizás algún familiar, pero... eran demasiados féretros para una sola familia... No importa, no vine a eso. Estuve a punto de acercarme a la vieja y confrontarla pero estaba llorando, no pude, podría esperar a mañana. Muchas personas lloraban, muchas familias distintas, pero nadie conocido.
Aun así, mucha tristeza, soledad, eso era lo que había en el ambiente. Por alguna razón, sentí nostalgia, comencé a llorar. No podía dejar de llorar y no quería hacerlo.
Mientras las lagrimas corrían y mi voz parecía disminuir con cada sollozo, comencé a recordar tantas cosas. Comencé a recordar toda mi niñez, mis padres, su cariño, lo que me enseñaban. Recordé las veces que llegue golpeado a casa, y mamá me abrazaba y el dolor se iba. Recordé cuando era mayor y papá me daba consejos de cómo invitar a esa joven que me gustaba. Recordé mi primera novia, recordé las demás novias. Recordé mi primer beso y todo lo demás. Recordé lo que hice después, ya de grande. Las borracheras, las peleas, las drogas, las mujeres (ya no eran las novias, solo las mujeres). Recordé el olvidar a mis padres. Recordé esos tontos que hablaban detrás de un mueble de madera, recordé las cosas que decía aquel libro, recordé la pregunta que me hicieron, recordé la diferencia que en ese entonces no vi y ahora veo, la diferencia entre mi niñez y mi juventud. No logro identificar cuando cambie, pero note mi carácter y mis acciones, sentí la falta de inocencia. Sentí... la culpa. Recordé las historias de un Dios que era tres, recordé la Sangre y el Espíritu y me dolió, me dolió porque sentí que no lo conocería, que estaría lejos siempre... Y no deje de llorar, aunque ya no tenia lágrimas.
Un tipo de traje se me acerco, tenia mal gusto; Quién lleva traje blanco a un funeral?. Pero se me acerco y dijo: Es hora.
Volví a calor, a la oscuridad, a la soledad. Solo que esta vez era mucho peor y no se porque lo sentí así pero, también era para siempre.
Y recordé, que se me ofreció el perdón y lo rechacé.
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La perspectiva y el punto son claros... Este es el reflejo de una de las probabilidades en la apuesta de Pascal.
martes, 17 de febrero de 2009
A la deriva...

Hace poco me leí esta historia:
Un aficionado a la vela que estaba navegando por el Caribe, a más de 6 mil kilómetros de casa, perdió su mástil en una tormenta. Había estado a la deriva por dos días y en aguas con olas de 6 metros cuando alguien recibió su desesperado llamado de auxilio.
Según el servicio de noticias de Ananova, 90 minutos después fue rescatado por el capitán de un transatlántico de 105 mil toneladas métricas.
Sólo cuando le sacaron del agua el marinero rescatado descubrió que el capitán que había respondido a su llamado pidiendo ayuda era un vecino de su aldea, Warsash, en Hampshire.
El hombre rescatado preguntó más tarde: «¿Cuáles son las probabilidades de que alguien sea rescatado en medio de la nada por su vecino?»
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No sabemos cuál haya sido la relación de estos dos en el escenario común. Quizá eran buenos vecinos, sus esposas podían ser amigas. Sus niños iban a la misma escuela. Se reunían para festejar el día de Independencia, hacían carne asada los fines de semana.
Tal vez era lo contrario...
Que pasaría si fuéramos nosotros quienes estuviéramos en medio de la nada?
Que tal sí en lugar de una enorme embarcación fuera un pequeño bote con recursos limitados? Dejaría nuestro vecino algunos alimentos por nosotros? Se arriesgaría al peso extra ante los riesgos de tormenta?
Que pasa si nuestra vida depende de alguien a quien tratamos diario? Nos odia? Nos ayudaría? Cual es nuestra relación con nuestros conocidos, amigos, vecinos?
Parece imposible, pero creo que este hombre nunca pensó que su vecino lo rescataría en un transatlántico...
A nosotros... nos ayudarían o nos dejarían a la deriva?
martes, 10 de febrero de 2009
Y entonces noté...
Las primeras estrellas resplandecen ya y quizá sean las únicas; el cielo es maltratado por un manto gris que no son nubes. A pesar de todo, el viento está presente, fresco y limpio; en constante movimiento.
Lo alto de un monte, y desde aquí, las luces debajo cobran una nueva forma. Un mar de luciérnagas inmóviles. Un dragón de luz avanza lentamente y recorre la ciudad.
Minuto a minuto. Una hora, otra hora. Días, semanas... Corriendo sin parar.
Al fin, después de mucho, la cima de este monte logra detenerme. Silencio y quietud me obligan a escucharme. Las eternas preguntas que persiguen al hombre son nada en este instante. Las preocupaciones, los dolores, las dudas... son tan insignificantes. No hay nada, nadie. Solo yo y delante de mí, el mundo; rodeándome, el mundo. Pero solo yo.
Ahora lo entiendo, por eso corría. De eso huía y me alcanzo. No la soledad, sino la conciencia de esa soledad.
No es: "Solo Estoy Yo"
Es: "Yo Estoy Solo"
Y fue ahí, en esa soledad donde lo note. Estoy Solo, pero al mirar al cielo, siempre hay alguien. Al mirar en derredor, siempre está ahí. Al contemplarlo todo, al contemplarme a mí, le veo a Él.
Esto fue lo que vi, lo que aprendí o recordé. Esto fue lo que noté:
Estoy solo y aun así, vivo. Vivo porque debo vivir.
Aun cuando no haya nadie por quien vivir. Aunque no haya nadie por quien morir.
Yo sigo aquí y por Mí es por quien debo vivir.
Solo si vivimos es que nuestra muerte tendrá sentido.
Solo viviendo honramos el regalo que Él nos dio.
Solo así le honramos.
Solo honrándole, vivimos.
Y el viento que soplaba arrecio. El manto gris que cubría los cielos fue apartado. Aun las nubes se hicieron a un lado. El manto oscuro fue rasgado. Estrellas y Luna aparecieron. Su luz lo cubrió todo.
Y entonces noté… Nunca más volví a correr. Nunca más podré... morir.
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En esta ocasión no habrá fotografía, y es que francamente no encontré ninguna que llenara lo que imagine, ni siquiera cerca. Así que lo que haya podido trasmitirles, la imagen que hayan creado en su mente al leerlo, esa es la mejor fotografía que les puedo ofrecer.
Es claro que me gustan los escritos de David y Salomón. David dejo plasmados muchos momentos de soledad y tristeza, así como de todo tipo de emociones. Dejo escritos estos versos en lo que hoy se conoce como el Salmo 139. El escrito completo es extenso como para incluirlo en este espacio, así que dejare solo una parte interesante y después el link a una página donde podrán leer, si así lo desean, el texto completo de este magnífico poeta.
Aquí los versos del 8 al 12 de este cantico de David:
8 Si subiere a los cielos, allí estás tú;
Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás.
9 Si tomare las alas del alba
Y habitare en el extremo del mar,
10 Aun allí me guiará tu mano,
Y me asirá tu diestra.
11 Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán;
Aun la noche resplandecerá alrededor de mí.
12 Aun las tinieblas no encubren de ti,
Y la noche resplandece como el día;
Lo mismo te son las tinieblas que la luz.
Y aquí el link:
Salmos 139
lunes, 9 de febrero de 2009
Una noche sin luz.
Una noche sin luz.
Cada domingo visitamos a los abuelos, comemos ahí junto al resto de la familia, primos, tías, tíos. Es una tradición (no una costumbre) que hemos tenido desde que tengo memoria. Por la tarde solemos ir a la iglesia un rato y después a la casa.
Este domingo, mi viejo carro quedo estacionado a unas cuantas cuadras de distancia, no encontré un lugar más cerca. Mientras caminábamos hacia el auto yo miraba la hermosa luna llena que inundaba todo, esa hermosa luz plateada iluminaba las nubes que intentaban cubrirla. Por si esta belleza fuera poca, por algún extraño efecto físico que no tengo interés en descubrir (aunque debe ser de tipo prismático), la orilla de una nube cercana a la luna emitía los siete colores del arco iris. Era algo pequeño, casi imperceptible, pero hermoso. Una noche magnifica, con viento fresco y luz radiante. De esas noches que da pena no estar enamorado y más estarlo y no ser correspondido.
Mi hermano pequeño (ya tiene trece, pero es el pequeño) me miraba y se dio cuenta que estaba ahogándome en la luna. El también se quedo mirando el cielo y luego me preguntó:
- ¿Porque ya casi no hay estrellas? -
Es cierto, pensé para mí. Ya no se ven tantas estrellas como cuando yo era niño. En el mejor de los casos, en una noche despejada y de luna nueva, se alcanzan a observar muchas estrellas. Pero cuando yo era niño había muchas mas en una noche cualquiera.
Pensé en decirle que era la contaminación, o las luces de la ciudad. Y si mi hermano, en su corta vida ya ha notado un cambio en los cielos... Considere una opción el decirle que había luna llena y emitía demasiada luz. Mientras caminaba, pensé muchas explicaciones y todas sonaban demasiado tontas, ridículas y simplemente estúpidas. No porque carecieran de validez o credibilidad, ni porque fueran incoherentes o locas. Simplemente no podía encontrar una forma de decirle a mi hermano que en algunos años serian mucho menos estrellas las que veríamos. Me sonaba perturbador e indecente cualquier insinuación o pretensión para justificarnos.
¿Cómo justificarnos por quitarles las estrellas? ¿Mis hijos (si Dios me los otorga) llegaran a verlas? ¿Acaso nuestra raza es así que no nos importa perder a quienes por milenios nos han inspirado?
Las viejas estrellas han estado en el universo muchísimo antes que nosotros, pero cuando llegamos, nos ayudaron. Guiaron a nuestros ancestros en sus viajes de aventura y conquista. Sirvieron de referencia para los matemáticos que calcularon los calendarios que hoy nos rigen. Fueron inspiración para literatura, música, pintura y todas las artes, fueron nuestras musas. Nos dieron sueños de mitología, y leyendas de héroes. Aun ahora les hacemos películas. Las noches románticas, los poemas, las canciones.
Nos han dado tanto! Y ahora, nuestra raza se distrae, atrapada en narcisista auto contemplación. Nos jactamos tanto de nuestras propias estrellas, de nuestra propia luz, que olvidamos que, eones antes que nosotros llegáramos, había una luz mucho más sublime, una luz muy por encima de lo que soñamos alcanzar. Olvidamos sus favores y los regalos que nos dieron y las entregamos al olvido, o al menos, eso pretendemos.
Al final de todo este tiempo, y es que, aunque fueron apenas unos segundos entre su pregunta y mi respuesta, pareció una eternidad, logre responderle a mi hermano.
- Las estrellas no se han ido, siguen ahí. El que no las veas no significa que no existan.
Y me dije:
- Que triste sería para la nosotros heredar noches sin estrellas.-
Nos engañamos, nos ceguemos con nuestra propia luz y nos creemos cada día más grandes. Y ni aun en esto somos primeros, pues el viejo Lucero del Cristianismo se nos adelanto hace mucho. Quien al admirar su propia luz, se llenó de orgullo, se inflamo de amor propio y vanidad. Ese magnifico ángel olvido que, si bien su luz era grande, la Luz de Aquel que lo creo Era, Es y Será mayor que cualquier otra luz en la Eternidad.
¿Caeremos nosotros igual que aquel ángel perfecto? ¿O ya hemos caído?
Después de terminar.
Les adjunto unos links:
http://luminica.blogspot.com/2007/04/ver-la-luz-de-las-estrellas.html
Me encanta esta página:
http://hubblesite.org/gallery/
Y también al escribir, recordé que el Rey David, magnifico poeta y músico (y mucho mas) escribió un Salmo que bien aplica.
Salmos 8
1 !!Oh Jehová, Señor nuestro,
Cuán glorioso es tu nombre en toda la tierra!
Has puesto tu gloria sobre los cielos;
2 De la boca de los niños y de los que maman, fundaste la fortaleza,
A causa de tus enemigos,
Para hacer callar al enemigo y al vengativo.
3 Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos,
La luna y las estrellas que tú formaste,
4 Digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria,
Y el hijo del hombre, para que lo visites?
5 Le has hecho poco menor que los ángeles,
Y lo coronaste de gloria y de honra.
6 Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos;
Todo lo pusiste debajo de sus pies:
7 Ovejas y bueyes, todo ello,
Y asimismo las bestias del campo,
8 Las aves de los cielos y los peces del mar;
Todo cuanto pasa por los senderos del mar.
9 !!Oh Jehová, Señor nuestro,
Cuán grande es tu nombre en toda la tierra!
¿Que hemos hecho con este regalo, con esta autoridad, con esta... responsabilidad?
miércoles, 4 de febrero de 2009
Valor, el resto son detalles...
El futuro tiene muchos nombres: para el débil es lo inalcanzable, para el miedoso, lo desconocido. Para el valiente, la oportunidad.Víctor Hugo
Resulta curiosa esta frase de Víctor Hugo. Clasifica las personas en tres tipos: el débil, el miedoso y el valiente.
El Débil. Viniendo de un hombre como él, no cabe duda que se refiere a la debilidad más cruel, la de la voluntad. Durante su exilio, decidió mantenerse firme en sus convicciones y lo manifestó al rechazar la amnistía que le fue ofrecida diciendo Y cuando sólo quede uno, ése seré yo. Lo inalcanzable. Que podemos alcanzar careciendo de voluntad? Nada, y entonces nuestros deseos se vuelven Inalcanzables.
El Miedoso. Alguien que se opone a un imperio debe saber algo sobre el miedo, y principalmente de cómo vencerlo. Bien se dice que tememos a lo desconocido, siendo esto resultado de nuestro instinto de conservación. Lo desconocido, para quien se deja dominar por el miedo, resulta ser un poderoso freno. Y aunque pueda parecer una pregunta poco inteligente… Lo desconocido(a lo que tememos y lo que nos frena) no dejaría de serlo si nos adentramos en ello? No deja el bosque de se desconocido cuando caminamos en él y nos perdemos de vez en cuando? No fue tu novio/a, o esposo/a o mejor amigo/a, un desconocido/a? Y cuando al adentrarte en el/ella no se convirtió en lo mejor de tu vida?
El Valiente. Como es alguien valiente? Según recuerdo, siempre están listos, actúan. Toman decisiones, encuentran un camino y lo siguen. Son los que vencen lo desconocido y el miedo. Son los que vencen su debilidad y conquistan lo inalcanzable. Son los que moldean el curso de la historia, los que salvan el mundo (aunque sea el mundo de una sola persona), los que cambian la vida (de uno o de mil). Ser valiente es difícil, pero vale la pena. Solo así se alcanzan los sueños, solo así se usan las oportunidades. Es el valor el más grande fruto de la voluntad. Víctor Hugo fue valiente y trato, como los grandes personajes de la historia, de servir a las personas que le rodeaban. Su círculo era mucho más amplio, pero logro una diferencia. Se dice que cuando murió, su ataúd permaneció debajo del Arco para que le visitaran y se despidieran. Más de tres millones de personas se tomaron el tiempo de decirle adiós. Afecto las vidas de millones.
Deseo encontremos el valor de afectar las vidas de quienes nos rodean, afectarles para bien.
Cuentos del primer amor... I El Jardín
Hubo pues un lejano Reino, poderoso y gobernate sobe muchas naciones, lleno de gloria y esplendor. El Soberano Rey de este Imperio, había dejado su trono por un largo viaje de conquista a tierras muy lejanas, había de traer mucha mejor vida y riquezas para su pueblo. Mientras el rey no estuvo, el cuidado y gobierno del imperio quedo a cargo de los nobles, príncipes y protectores que el mismo había designado para la tarea.
De entre las familias que vivían dentro del castillo, muchas eran nobles por sangre o amistad con el Rey, llenos de paz y tranquilidad eran sus días, lejos de los problemas del gobierno pues solo unos cuantos llevaban sobre sus hombros esa responsabilidad.
Una de estas familias había recibido por parte del Rey un hermoso regalo: Un Jardín.
Este Jardín era pequeño, lleno apenas de algunos retoños y preciosos botones de flores que aun estaban por nacer. El Jardín era de la tierra más fértil, oscura de un café bellísimo, llena de rosas y tulipanes rojos. Una fuente en el centro regaba todo el Jardín, la fuente era grande y llena de un agua clara que fluía continuamente sin cuidado alguno a derramarse, porque al derramarse hacia de aquel lugar un mundo más maravilloso, más digno de verse que ningún otro lugar en el Reino.
Aquella familia tuvo necesidad y deber de viajar a tierras lejanas para cuidar de aquel reino y de las tareas que su Rey les había encomendado. El Jardín era tan bello, tan importante para ellos que no dejaron el cuidado del mismo a cualquier persona, ni siquiera a los siervos de mayor confianza se les dejo esta tarea, fue a un noble a quien se le pidió realizar aquel trabajo.
Este joven noble pertenecía a una familia que por generaciones había sido fiel amiga del reino y de su gobernante, todos los hijos de esta casa fueron hechos príncipes por el Rey, no por sangre sino por Hecho. Habían ganado su titulo, mas allá de sus antepasados.
Aquel era fuerte, inteligente y de gran poder, pero callaba su existencia mientras fuese posible. Aun y que él prefería ser un tanto anónimo, cuando era mas joven había ganado fama en el reino, cuidaba bien de su familia y era un excelente guerrero. Durante su niñez el Rey mismo le había instruido muchas veces en muchas cosas referentes al Imperio.
Esa fue su adolescencia, llena de triunfos y gloria, poder y grandeza.
Cuando creció, su carácter cambio, perdió interés en muchas de las cosas que había en su vida, y perdió la noción de su verdadero propósito. El Rey muy triste por ello, le llamaba cada día y buscaba levantar su animo, que volviera a ser fuerte, que dejara la tristeza que le envolvía y la melancolía que le inundaba, pero nada funcionaba. Se aburrió de su existencia, perdió el control de su destino y entrego su camino a la nada.
De entre todos los que habitaban el castillo, no había quien fuese mejor guerrero y guardián de tesoros que este joven, que por la fama de su juventud le eran confiados toda clase de tesoros extraños y valiosos, oro, joyas, diamantes, libros invaluables, rarezas de antiguas culturas, arcanos de todo tiempo y tipo. Aunado a esto, aun los aldeanos pedían su consejo y favor en muchas cosas.
Dada esta misma fama, cuando llego el tiempo que los dueños del Jardín viajarían a cumplir su misión, el único del reino a quien le fue confiado tan preciado y vivo tesoro fue al joven Hilliard, quien siendo conocido de esta familia, no tuvo reparo en aceptar la tarea.
Antes ya había visto el Jardín, y llamo su atención de maneras que nunca antes había imaginado. Cada día caminaba sobre los muros del castillo, cuidando y observando el reino, dentro y fuera observaba, pero cuando pasaba frente al jardín, de día o noche, era hechizado por su joven belleza, veía las flores, los árboles, los retoños florecientes, bajo la luz de la luna llena, o bajo el sol de verano, siempre quedaba absorto. Por ello, cuando le encomendaron la tarea de cuidar el jardín, no tuvo duda, sino que la más grande alegría le lleno, y por primera vez en mucho tiempo, sintió algo.
Muchas guerras, muchos enemigos, muchas tragedias habían cauterizado su alma, se hizo frió y duro de corazón para soportar el sufrimiento del pueblo, dejo de lado todo sentimiento, hasta que aquel Jardín hizo que su corazón empezara a latir de nuevo.
Había visto ese Jardín, lo había contemplado, se había enamorado de él, pero jamás tuvo el valor de pedirlo, jamás tuvo el valor de pedir entrar en él, de rogar arrodillado para que le permitieran entrar en él, lavarse la cara y beber de tan pura y cristalina agua que nacía de la fuente al centro del jardín, jamás tuvo valor para comer de sus frutos o preguntar su precio para comprarlo.
Cuando le pidieron cuidar del, se emociono, pero como había aprendido, no lo expreso, no lo reflejo. Por dentro ardía su corazón en un fuego que hace mucho había escuchado, pero nunca había sentido dentro de él. Hilliard no tardo. Habiendo ya partido los nobles, tomo su cargo de inmediato, reconoció el terreno, midió los alrededores, probo la cerca que protegía aquel paraíso, vio cada tipo de flor, planta y adorno que había dentro de él.
Los largos días que transcurrieron fueron como el atardecer, imposibles de detener pero con el deseo de que nunca llegue a su fin. Hilliard cuido del Jardín, edifico nuevos muros, planto nuevas flores y ahuyentó todo bicho o animal que pretendiera destrozar tan perfecto lugar, vigilo día y noche por aquel jardín, y habiendo terminado toda labor, se sentaba en el muro que edifico, veía la hermosura del lugar, la tierra café claroscuro, las enredaderas que parecían hermosos cabellos, la fuente que en el centro regaba todo el lugar, era simplemente el mas bello paisaje de todo el mundo que el había conocido, y este joven había ya viajado mucho para este momento. Se enamoro más del Jardín.
Habiendo ya pasados muchos días, aquella familia noble regreso con éxito, mayor riqueza y felicidad que antes, habían cumplido su propósito y todo era perfecto. Llegando a su casa, vislumbraron un alto muro rodeando el lugar donde descansaba el Jardín, y en el centro del muro, en la puerta principal unas letras grabadas en piedra que decía:
“ يانة”
Ese fue el nombre que Hilliard le dio. Nunca sintió más alegría o felicidad que en los días que estuvo cuidando de aquel Jardín, pero como todo aquello que es bueno... esto también terminó. En los días siguientes al regreso de los nobles, el Protector buscó valor para pedir a tan agraciada familia que le permitieran comprar aquel Jardín; busco el momento, reunió todo su dinero y sus riquezas, y al fin cuando estaba apunto de hacer su oferta encontró en su camino a un amigo.
- Recuerdas aquel Jardín que te había yo comentado que quería?
- Si lo recuerdo – Sin inmutarse, sin dudar, sin reflejar el anhelo que sentía por aquel jardín, la conversación continuó.
- Lo he comprado! He hecho mi oferta y aunque era poco, lo aceptaron! Dicen que fue por la emoción que exprese, por el sentimiento que refleje y sienten que podré cuidar de él mejor que nadie!
Hilliard guardo silencio por unos momentos, buscando no importunarse, no reflejar lo que nadie sabía: sus sentimientos. Cuando al fin logro hablar, lo único que pudo decir fue un seco -Bien, has tenido suerte amigo mío.
Callado, triste y moribundo por dentro el guardián se retiro, subió al monte que se encontraba detrás del castillo y busco la ayuda de Dios.
En su corazón le dolió mucho, tardo mucho en expresar sus intenciones y había perdido ante alguien a quien apreciaba; todo su trabajo lo disfrutaría un amigo, y aunque seguramente seguiría visitando aquel Jardín, jamás seria suyo, jamás podría entrar a la media noche, jamás podría observar su fuente bajo la luna ni podría pararse en los muros del castillo a observar la belleza de aquel lugar sin que alguien o él mismo se lo reprochase.
Tardo días en meditar lo que pasaba, enviaba mensajes para saber si el Jardín estaba bien, siguió cuidándolo de lejos, vigilando desde los muros del castillo, meditando en su belleza, pensando en cómo debía actuar, si debía hacer el mismo una nueva oferta a los nobles, si debía robar el titulo del terreno, busco, pensó, medito. Después de largos días pensó:
- Si este Jardín fuese una bella dama, sería justo para ella decidir entre dos amores? Yo le he cuidado, protegido, he estado ahí en todo momento difícil, mas he aquí mi amigo ha venido, se a atrevido y le ha comprado, hasta ahora ha cuidado bien de él. Seré yo justo al querer reclamar algo que nunca fue mío, aunque lo ame, nunca me perteneció. El amarlo no me hace su dueño, solo su protector. Aunque le cuidé y me aceptó, nunca me dijo que seria yo quien le cuidaría para siempre, lo que hice, fue sin promesas ni por deber, solo por amor fue hecho. Así pues este Jardín tome su decisión, le cuidare de lejos, seré atalaya y guardián día y noche, y si comenzare a marchitarse su flor o a secarse su fuente, mi amigo será responsable y no tendré temor de actuar, estaré ahí para cuidarle siempre y hacerle renacer cada vez que mengue su belleza. Este es mi deseo y así lo haré, pero grabare esto, para que en mi vejez no me arrepienta yo de no haber intentado remediar mi error, que no me arrepienta yo de no haber luchado por aquello que atrapó mi alma y me enamoró.
Cuentos del primer amor...
Vestir un disfraz tonto, ir una fiesta a la que no tenias ganas de ir, durar horas en un centro comercial viendo como las cajas que cargas aumentan y aumentan hasta que no puedes ver nada, un arreglo desmedido (casi tan bueno como el de la morgue), ropa nueva, una alegría que contrasta con tu sarcasmo y apatía de toda la vida. Quizá les paso, si, efectivamente son las cosas que pasan cuando uno se enamora (aparte de las mariposas y el mundo color rosa).
Cada persona suele tener sus propias manifestaciones únicas. En mi caso, comencé a escribir algunos cuentos que compartía con aquella hermosa Dulcinea.
Me arremetió el deseo de desempolvarlos y mostrarlos al mundo, quizá para recordarme que soy capaz de amar, quizá solo para leerlos fuera de ese marco de Word que suele ser tan monótono. Sea cual fuere la razón de mí locura y antes de recobrar la cordura quisiera compartirles estos cuentos.