martes, 17 de febrero de 2009

A la deriva...




Hace poco me leí esta historia:

Un aficionado a la vela que estaba navegando por el Caribe, a más de 6 mil kilómetros de casa, perdió su mástil en una tormenta. Había estado a la deriva por dos días y en aguas con olas de 6 metros cuando alguien recibió su desesperado llamado de auxilio.

Según el servicio de noticias de Ananova, 90 minutos después fue rescatado por el capitán de un transatlántico de 105 mil toneladas métricas.

Sólo cuando le sacaron del agua el marinero rescatado descubrió que el capitán que había respondido a su llamado pidiendo ayuda era un vecino de su aldea, Warsash, en Hampshire.

El hombre rescatado preguntó más tarde: «¿Cuáles son las probabilidades de que alguien sea rescatado en medio de la nada por su vecino?»

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No sabemos cuál haya sido la relación de estos dos en el escenario común. Quizá eran buenos vecinos, sus esposas podían ser amigas. Sus niños iban a la misma escuela. Se reunían para festejar el día de Independencia, hacían carne asada los fines de semana.

Tal vez era lo contrario...

Que pasaría si fuéramos nosotros quienes estuviéramos en medio de la nada?
Que tal sí en lugar de una enorme embarcación fuera un pequeño bote con recursos limitados? Dejaría nuestro vecino algunos alimentos por nosotros? Se arriesgaría al peso extra ante los riesgos de tormenta?

Que pasa si nuestra vida depende de alguien a quien tratamos diario? Nos odia? Nos ayudaría? Cual es nuestra relación con nuestros conocidos, amigos, vecinos?

Parece imposible, pero creo que este hombre nunca pensó que su vecino lo rescataría en un transatlántico...

A nosotros... nos ayudarían o nos dejarían a la deriva?

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